Según un reciente estudio llevado a cabo en colaboración entre el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona y la Agencia de Salud Pública y ejecutado por los científicos Juan Carlos Senar, Helena Navalpotro, Jordi Pascual y Tomás Montalvo, la administración de Nicarbazina no ha logrado contener la plaga de palomas que sufre la Ciudad Condal. Una plaga que, lejos de ser exclusiva de esta ciudad, es un problema común a la inmensa mayoría de los núcleos urbanos de nuestro país debido fundamentalmente a la gran cantidad de ciudadanos que les proporcionan alimento y, por otra parte, a las muchas estructuras urbanas favorables para su cría. Esta situación sitúa al control de poblaciones de esta ave como uno de los principales problemas, tanto medioambientales como de salud pública -debido a la multitud de enfermedades que las palomas pueden llegar a transmitir- y urbanos -por lo que al daño en el mobiliario ocasionan- con los que han de lidiar muchas autoridades municipales.

El caso de Barcelona es ejemplar en el sentido de que siempre se ha mostrado muy sensibilizada a este problema. Desde la década de los 80, la Administración de la ciudad lleva realizando censos de población y ejecutando diversas medidas de control, intentando encontrar la más efectiva. En este afán, a partir del año 2006 se consiguió reducir notablemente el volumen de esta plaga aplicando capturas mayores al 30% de la población y realizando una importante labor de concienciación ciudadana para evitar que la gente les proporcionara alimento. Sin embargo, recientemente el Ayuntamiento de Barcelona decidió cambiar el plan de actuación que tan buenos resultados había cosechado debido a diversas consideraciones éticas y optó por aplicar la administración de Nicarbazina, una sustancia química que funciona a modo de anticonceptivo y que se comercializa con el nombre de ‘Ovistop’. Un tratamiento cuya efectividad en este campo no había sido testada adecuadamente hasta el momento. Y razón por la cual se procedió a analizar la eficacia real de este producto a partir de la activación por parte del Ayuntamiento de una campaña de control con Nicarbazina.

Para comenzar, se estableció un diseño experimental para censar el número existente de palomas en 23 círculos de 200 m. de radio alrededor de los dispensadores de Nicarbazina y en 28+28 círculos del mismo diámetro, que ejercían de control, a unos 200 m. y a más de 500 m. de los dispensadores. Al mismo tiempo, se establecieron también una decena de círculos de control adicionales donde se suministraba alimento placebo. Estos círculos fueron censados en dos ocasiones: antes del tratamiento y un año después del comienzo de éste, exactamente en las mismas fechas del año para evitar cualquier tipo de variaciones (estacionales…).

El procedimiento de administración de la Nicarbazina fue el siguiente: la compañía Zooethics (Odena, España) fue la encargada de instalar y llevar a cabo el mantenimiento periódico de los comederos, además de suministrar ‘Ovistop’ a las palomas. Todo ello se realizó bajo la supervisión del Servicio de Ecopatología de Fauna Salvaje (SEFaS) de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Por su parte, el SEFaS realizó también dos conteos del número de palomas alrededor de los dispensadores en el momento en que éstos proporcionaban el alimento, siguiendo las directrices de ‘Ovistop’. Uno de ellos se ejecutó en el periodo de aclimatación, cuando los comederos suministraban alimento sin Nicarbazina, y el otro transcurrido un año. Paralelamente, el equipo de trabajo realizó un censo de la población total de palomas en Barcelona siguiendo la misma metodología que en censos anteriores. Tras un año de tratamiento, el análisis de los datos obtenidos concluye que la población de palomas en los círculos experimentales no había variado y que ésta se había comportado exactamente igual en los círculos situados tanto a 200 m. como a más de 500 m. de los dispensadores, lo que viene a demostrar que la Nicarbazina no tuvo ningún efecto sobre el tamaño de la población de palomas. Por su parte, en aquellos círculos en los que se había suministrado placebo, la población llegó a aumentar en un 10%, un incremento que entra dentro de lo previsto teniendo en cuenta este suministro regular de alimento.

Dado que el producto en sí mismo causa infertilidad (y así se ha demostrado ampliamente en animales en cautividad que lo han ingerido), el estudio concluye que obviamente

«La gestión de especies plaga se ha de basar en resultados científicos y no en otros tipos de mensajes que buscan crear un falso espejismo de progreso»

las razones que puedan explicar el fracaso del programa hay que buscarlas en su implementación. Por ello, los expertos emplazan a la realización de un nuevo estudio que analice los niveles en sangre de Nicarbazina existentes tanto en machos como en hembras de palomas y los movimientos de estos individuos a través de dispositivos GPS. El estudio también concluye que los conteos a pie de los comederos, método utilizado por los defensores del producto, no mide el tamaño de la población si no el interés que muestran las palomas por el alimento suministrado. Dada la baja palatabilidad de ‘Ovistop’, el interés por el producto disminuye con el tiempo, creando una falsa imagen de reducción poblacional.
Las conclusiones de este estudio son rotundas: ‘Ovistop’ no funciona en lo que al control de población de palomas se refiere. Los expertos añaden que, “si bien podría probarse con otro producto similar de mejor palatabilidad como ‘Ovocontrol’, lo cierto es que el problema de estos tratamientos es que no son sostenibles y, además de caros, deben aplicarse de forma continua para ser efectivos. De hecho, diversos modelos de dinámica de poblaciones muestran que cuando se interrumpe el tratamiento, la población rápidamente recupera sus valores de densidad anteriores”. Asimismo, los científicos alertan de la posibilidad de que el uso de Nicarbazina pueda tener efectos colaterales no deseados en caso de que sea consumido por otros animales.
A la luz de estos datos, y volviendo a inicio del planteamiento del problema, el estudio propone que las mejores y más éticas medidas para reducir la población de palomas en zonas urbanas pasa, en primer lugar, por reducir la disponibilidad de alimento (para lo que resulta imprescindible la colaboración ciudadana) y, en segundo lugar, por reducir el número de zonas
de posible nidificación. Barcelona tiene el precedente de un programa piloto de educación ambiental que se llevó a cabo en el año 2009 con el objetivo de sensibilizar a la población de los perjuicios de alimentar a la población de este tipo de aves. Un año después, la población de palomas en esta zona piloto se había reducido hasta en un 40%. En sus declaraciones a Infoplagas, los autores opinan que «existen métodos éticos alternativos a la Nicarbazina. ‘Ovistop’ es ineficaz e ineficiente. En consecuencia, los entes públicos encargados del control de las poblaciones de palomas deberían descartar su uso, y basar sus decisiones de gestión en los resultados científicos y no en otros tipos de mensajes o propaganda que crea un falso espejismo de progreso y control ético”.